jueves, 30 de mayo de 2019

—Maestro, tú que andas por encima de las ilusiones y que conoces los recodos más ocultos y secretos del corazón de la vida, dinos: ¿qué será de nosotros cuando tú no estés aquí y no podamos verte con los ojos de la cara, ni oírte con los oídos? Y él miró al horizonte y, después miró al cielo y señalándolo, les dijo: —Mirad que mientras tengáis estrellas que aviven vuestras noches, yo estaré con vosotros. »Mirad que mientras las miréis, me estaréis mirando y si aprendéis a escucharlas, me escucharéis. »¿Veis cómo reposa la noche y cómo os invita a meditar? Vendrán noches en que ya no veáis mi presencia; mas esas noches huid de la mentira de los ojos, porque yo estaré más cerca aún de vosotros. Y llevando ambas manos al corazón, apretó con fuerza su pecho y continuó diciendo: —Buscadme aquí y dejádmelo por asiento, y haré de cada uno un altar, y haré de cada boca y de cada paso mis pasos y de cada sufrimiento mi sufrimiento. Y allí donde esté en El Uno Santo, vosotros seréis en mí. Entonces un niño se soltó de los brazos de su madre y vino a sentarse a los pies del maestro. Y él, tomándolo en sus brazos, así hablaba: —Mirad que los niños son la esperanza de la raza que asciende buscando la sabiduría. En ellos se pueden remediar errores y renovar la esperanza de un mundo mejor. »Llevad con mimo su educación y velad sus sueños para que no sean pesadillas. »Mirad los pajarillos, que cuando salen de una nidada, cada uno vuela en una dirección y a su aire y cada uno habla con la vida de una forma. »Pensad, pues, que del nido de la familia, cada uno trae un camino y una meta. No hagáis daño imponiendo vuestro camino y vuestra meta a todos vuestros hijos; antes bien, ayudadlos para que el fin que traen lo puedan realizar con holgura, y compongan con su trabajo un canto de armonía en El Uno Santo. Sabed que el deseo ahoga y el cariño puede matar, mas el amor siempre libera.

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