miércoles, 26 de febrero de 2020

Dana Gowlacka, que permaneció durante más de cuatro horas en posición de plancha

Dana Gowlacka, que permaneció durante más de cuatro horas en posición de plancha, desvela los trucos para hacerla aguantando un largo tiempo ¿Imaginas aguantar en la misma postura durante 4 horas, 19 minutos y 55 segundos (dormir no vale)? Este es el record mundial marcado por la atleta canadiense Dana Glowacka, que permaneció durante más de cuatro horas en posición de plancha, en la Conferencia Internacional de Entrenamiento de Tablones en el estado de Illinois, EE.UU., en mayo de 2019, frente a un grupo de funcionarios de Guinness World Record. «Mi hijo encontró el registro de la tabla en un libro de Guinness World Records y me dijo que podía hacerlo. Me propuse explorar la resistencia física y mental, entrar en el estado de rendimiento y empujar a mi cuerpo a hacer cosas que nunca imaginé que haría. En verdad, si pones tu empeño en lo que crees, ¡lo lograrás!», explica la «yogui» en su cuenta de Instagram, donde comparte numerosos consejos no solo para conseguir una meta deportiva, sino objetivos de la vida en general. Con el abdomen sometido al igual que los brazos y piernas, la profesora de yoga se ha convertido en la mujer que mejor hace la plancha, uno de los ejercicios básicos pero fundamentales para tonificar el cuerpo. Una plancha bien hecha durante pocos minutos puede hacer más por ti que un entrenamiento más largo: «con los codos bajo los hombros (a la misma altura), hay que colocar la espalda recta o en ligero bloqueo convexo para que no se arquee quedando los omóplatos separados (aleja ligeramente el pecho del suelo)», aconseja la entrenadora personal María Rossich, que advierte de que hay que mantener las piernas juntas apretando las nalgas y hay que bloquear la cadera, empujando con el pubis hacia adelante y recogiendo la zona lumbar. Dana Gowlacka batiendo el récord. Dana Gowlacka batiendo el récord. - instagram.com/ Para aguantar más de cuatro horas en esta posición, Dana Glowacka ha contado a sus miles de seguidores algún que otro truco para mantenerse el mayor tiempo posible en esta postura porque los errores son comunes en este ejercicio. Por ejemplo, su entrenador Adam Rosante confesó tras el triunfo de la canadiense que trabajó con ella el mantener el cuello mirando hacia abajo porque mirar hacia adelante o incluso hacia arriba tensa el cuello y finalmente cansa todo el cuerpo. «Mira al suelo e imagínate sosteniendo una pelota de tenis entre la barbilla y el cuello. Eso mantendrá la columna vertebral neutral y ayudará a evitar dolores o lesiones», dice la atleta. Dana Glowacka haciendo la plancha. Dana Glowacka haciendo la plancha. - instagram.com/dbg_plankdoyoga Rutina de plancha Con el revuelo del nuevo récord Guiness, miles de personas pidieron una rutina de entrenamiento de plancha para ponerse en forma, y la canadiense lo plantéo en su cuenta de Instagram, siendo todo un éxito. «Comienza la plancha sobre tus antebrazos, con la apertura a la misma altura que los hombros. Aguanta durante dos minutos , y pasa a estirar los brazos (high plank) y permanece en la misma posición durante otros dos minutos», explica en su cuenta de Instagram. La rutina continúa durante 30 días, siendo el último entrenamiento exactamente igual que el primero. El yoga, punto clave Pero Dana Glowacka no ha llegado de casualidad a dominar la plancha. Su larga trayectoria en el mundo del yoga le ha ayudado a ganar confianza en sí misma, flexibilidad y también a dosificar su fuerza y energía. «Se necesita la mente para mantener el cuerpo en alto. Tu cuerpo comienza a adaptarse al estrés que estás imponiendo, así que trata esa transformación con respeto y tu cuerpo no te defraudará porque tiene la capacidad para adaptarse en estas situaciones difíciles», explica a sus seguidores.

El SECRETO De Los Monjes Para OBTENER Lo Que Deseas | DANDAPANI

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Estas son las medidas que los estudiantes Erasmus han de tomar frente al coronavirus

Desde el SEPIE, en colaboración con las autoridades nacionales y la Comisión Europea, se está llevando a cabo un seguimiento de la información sobre la incidencia epidemiológica COVID-19. De conformidad con las medidas llevadas a cabo por las autoridades italianas, las indicaciones de la Comisión Europea a las Agencias Nacionales y las recomendaciones de las autoridades sanitarias nacionales, se comunica que: - En aquellas regiones en las que según fuentes oficiales existe riesgo de contagio, podría en su caso ser de aplicación la cláusula de fuerza mayor. -Asimismo en aquellos otros casos en los que existen instituciones educativas o de formación a las que les resulte de aplicación instrucciones emitidas por autoridades del país de origen que imposibiliten la movilidad, podría igualmente ser de aplicación la cláusula de fuerza mayor. Corresponde a las organizaciones e individuos participantes en el programa Erasmus+ decidir si cancelar o posponer las movilidades previstas en las áreas afectadas. Aquellas movilidades que se cancelen o se pospongan, así como las que estén en curso en ese país sin haberse podido completar, en el caso de haber incurrido en gastos, podrían ser justificadas como causa de fuerza mayor, según la Cláusula II.1 de los convenios de subvención. En ese caso, se deberán seguir las indicaciones en los términos establecidos en el convenio de subvención y como se define en la Guía del Programa y otros documentos contractuales. Se recuerda que se deberá acreditar en todo caso la justificación de la situación. Desde la Agencia Nacional SEPIE se hace un llamamiento a la calma y se recomienda en todo caso seguir las indicaciones de las autoridades locales y nacionales educativas, sanitarias y de asuntos exteriores competentes en la materia. En este mismo sentido, se facilitan los siguientes contactos y páginas web: - Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (recomendaciones deviaje). - Ministerio de Sanidad. - Embajada de España en Roma (emb.roma@maec.es). Teléfonos de emergenciasconsulares: • (+39) 3489116093 (Consulado General de España en Génova) • (+39) 335265959 (Consulado General de España en Milán) • (+39) 335201242 (Consulado General de España en Nápoles) • (+39) 335 333438 (Consulado General de España en Roma) - Número de información general en Italia (1500) y números gratuitos para Lombardía (800.89.45.45) y Véneto (800.46.23.40). El SEPIE actualizará la información puntualmente y permanecerá a disposición de los interesados a través de los cauces de comunicación habituales.

Descubren el primer animal que no necesita respirar oxígeno para vivir

Que los animales multicelulares de la Tierra necesitan el oxígeno para vivir era una verdad a la altura de que el Sol sale y se pone cada día o que la gravedad nos atrapa bajo su influjo. Hasta ahora. El concepto debe repensarse, ya que un grupo de científicos de la Universidad de Tel Aviv (Israel) ha estudiado a fondo un ser que no depende del oxígeno. Es decir, que no respira. Y este hallazgo podría tener enormes consecuencias no solo aquí, en nuestro planeta, sino en la búsqueda de vida en otros mundos. La vida comenzó a desarrollar la capacidad de metabolizar el oxígeno -esto es, respirar- en algún momento hace más de 1.450 millones de años. Una célula arqueal envolvió a una bacteria, estrenando un nuevo equilibrio que dio lugar a que estos dos organismos evolucionaran juntos. Esas baterias se convirtieron en mitocondrias, fuente de energía de las células y que utilizan el oxígeno como «gasolina». La evolución de esta simbiosis llegó tan lejos que hoy todas las células de tu cuerpo, salvo los glóbulos rojos, tienen mitocondrias que descomponen el oxígeno para impulsar los procesos celulares. La importancia de las mitocondrias En la naturaleza existen adaptaciones que han permitido a algunos organismos vivir en condiciones de poco oxígeno e incluso hipóxicas. De forma paralela, algunos seres unicelulares han desarrollado orgánulos parecidos a las mitocondrias; pero el debate sobre si era posible la existencia de animales que no respiraran oxígeno nunca se había podido zanjar. El nuevo estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS) y dirigido por Dayana Yahalomi se centró en un animal parásito del salmón, llamado Henneguya salminicola, del que se sospechaba que podría tener una respiración anaeróbica. Se trata de un cnidario, que pertenece al mismo filo que los corales, las medusas y las anémonas. A pesar de que crea unos quistes muy antiestéticos en los salmones, en realidad no son dañinos y conviven con el pez toda su vida. Ya se había dterminado que el parásito sobrevivía dentro del cuerpo del huésped en condiciones muy hipóxicas, pero no ha sido hasta que se ha desentrañado su ADN cuando efectivamente se ha podido comprobar que estos animales no necesitan respirar. Utilizando secuenciación profunda y microscopía de fluorescencia para realizar un estudio minucioso del H. salminicola descubrieron que había perdido su genoma mitocondrial, que es básico para la «respiración» de las células. Además, también observaron que no tenía capacidad de respiración aeróbica y estaban eliminados casi todos los genes nucleares involucrados en la transcripción y replicación de mitocondrias. Al igual que los organismos unicelulares, había desarrollado una suerte de «órganos» parecidos a las mitocondrias, pero también son excepcionales: tienen pliegues en la membrana interna que generalmente no se ven. Especie de control Para comprobar si podía darse el mismo caso en otras especies y como control se practicaron las mismas pruebas en otro parásito estrechamente relacionado, Myxobolus squamalis. Mostró un genoma mitocondrial. Aunque este hallazgo significa que no necesita oxígeno para sobrevivir, en realidad no se sabe muy bien cómo lo logra. Los investigadores plantean que podría estar extrayendo adenosina trifosfato -el producto que resulta de la metabolización del oxígeno por las mitocondrias- de su huésped, pero aún no se ha comprobado tal extremo. Además de ser un descubrimiento perfecto para controlar a esta especie como plaga, también es una oportunidad para estudiar la vida en general. «Nuestro descubrimiento confirma que la adaptación a un entorno anaeróbico no es exclusiva de los eucariotas unicelulares, sino que también ha evolucionado en un animal parasitario multicelular», escriben los investigadores en su artículo. «Por lo tanto, H. salminicola brinda la oportunidad de comprender la transición evolutiva de un metabolismo aeróbico a uno anaeróbico exclusivo».

5 Prácticas Nocturnas Para REPROGRAMAR TU SUBCONSCIENTE

1° Planea Tu Día 2° Revisa Tus Metas Cada Noche 3° Pratica La Gratitud 4° Pregunta a Tu Subconsciente 5° Hipnoterapia La instrucción y Precepto Divino, enseña, que los días empiezan en la noche, interesante..entendiendo que la instrucción nos insta a meditar u orar en la noche..también ensena perdona y agradece todo el tiempo y en todo tiempo....entre otros maravillosos preceptos, por algo alli esta todo para una vida plena y abundante. https://www.youtube.com/watch?v=I5Tu4xQOGlg&feature=em-lsp

El Ojo del Artista (Jorge Munnshe) Capítulo 1

El Ojo del Artista (Jorge Munnshe) Capítulo 1 —————————— Capítulo 1 —————————— AL BORDE DEL NAUFRAGIO La pintura le fascinaba desde tan atrás en el tiempo como podía recordar. Su vocación de pintor probablemente se forjó con sus más antiguos y rudimentarios dibujos en la infancia. Los lápices de colores y el papel fueron sus primeros amigos. Gracias a ellos, lograba hacer un poco más reales las cosas que tenía en su imaginación. Una vez dibujadas, podía verlas, aunque estuvieran representadas de manera tosca. Así, los lugares maravillosos que existían en sus pensamientos parecían estar algo más cerca. Y su sueño de visitarlos le parecía un poco menos imposible. Sin embargo, intuía, y al crecer lo supo con certeza, que esos parajes no podían existir en ningún rincón de la Tierra. No podría, por tanto, viajar a ellos jamás. Ser capaz de pintarlos año tras año con una destreza cada vez mayor, le permitía al menos dejar volar la imaginación con más intensidad y sentirse transportado a ese otro mundo tan extraño como hechizante. De hecho, en muchos momentos duros de su infancia y adolescencia, anheló con toda su alma poder huir al otro lado de alguno de sus cuadros. Aunque Eric empezó pintando del modo tradicional, se había acabado especializando en el uso del medio electrónico. Desde los veintiún años de edad, un ordenador portátil, diversos programas de diseño y procesamiento gráficos, y varios accesorios para controlar el universo al otro lado de la pantalla mediante sus manos, eran su equipo básico para pintar. Ahora, con veintisiete, manejaba todas esas herramientas con tanta soltura como si fuesen prolongaciones físicas de su cuerpo. Su sueño era ganarse la vida con sus cuadros. Aunque procuraba pintar cuadros de temas variados y que resultasen comerciales, los paisajes extraterrenales eran las pinturas que más le motivaban y las que sentía como lo mejor de su producción artística. Por supuesto, jamás había salido de la Tierra, y las únicas imágenes de superficies de otros mundos que conocía eran las captadas por las sondas de exploración en astros del sistema solar, y las de los viajes tripulados a la Luna. Pero en su imaginación forjaba paisajes de planetas remotos, que jamás habían sido vistos por ojos humanos. Los pintaba cuidando con la máxima precisión los detalles técnicos, desde los inherentes a sus características geológicas y medioambientales, hasta los relativos a la iluminación generada por sus soles. Por eso y por su esmerado trabajo con las texturas y los colores, conseguía darles a sus paisajes imaginarios un realismo visual casi fotográfico. Con ello, esperaba abrirse paso profesionalmente en esta especialidad temática. Lo había intentado por todas las vías a su alcance, incluyendo dedicar casi todo su tiempo a pintar y promocionar esas y sus demás obras. El coste de su empeño era que carecía de empleo desde hacía cinco años, y que los ingresos ocasionales que ganaba con sus cuadros no bastaban ni para cubrir sus necesidades básicas. Ahora, su situación era como la de un barco a punto de hundirse. Después de la muerte de su madre por problemas asociados al alcohol, vivió un año en casa de su hermano, seis años mayor que él, y su cuñada, hasta que las frecuentes discusiones entre ambos hermanos los enemistaron de forma probablemente definitiva. Su padre, un sujeto de temperamento violento de quien se sospechaba que trapicheaba con pequeñas cantidades de droga, era como si no existiera, pues les abandonó cuando Eric tenía alrededor de un año de edad, y nunca se había preocupado por ellos más allá de cumplir con las obligaciones dictadas por el juez cuando no le quedaba más remedio, distanciándose de modo definitivo de ambos hijos cuando la edad de estos extinguió sus obligaciones legales como padre. Eric tampoco tenía parientes de quienes pudiera esperar recibir ayuda de buen grado. Nunca se llevó bien con su hermano Jacques. Eran de mentalidades muy diferentes, casi opuestas. Jacques había logrado sacar adelante una pequeña carpintería de aluminio, en la que trabajaban él, su esposa y un empleado. Veía la vida de un modo práctico. Para él, insistir en actividades artísticas como la de Eric era inaceptable si a fin de mes no daban al menos el mismo dinero que un trabajo convencional. Opinaba que después de los tres primeros meses de intentar profesionalizar su vocación, sin lograr resultados, debería haberse olvidado de su sueño y ponerse a trabajar en lo que fuese, como por ejemplo ayudarle en la carpintería. Eric consideraba a su hermano como un materialista incapaz de apreciar cuestiones trascendentales, encerrado en un mundo donde el valor de una persona se mide por el dinero que gana con su trabajo. Él, por su parte, consideraba a Eric un iluso, un soñador que aún no se había dado cuenta de cómo era el mundo real, y que había estado viviendo a su costa consciente o inconscientemente. Eric se acabó hartando de soportar las broncas de Jacques, y sentía su orgullo demasiado herido como para ponerse a trabajar para él. Por eso, tras la última de varias discusiones fuertes, recogió su exiguo equipaje, le dijo a su hermano que no pensaba aceptar nunca más nada de él, y se marchó con la intención de no volverle a ver jamás. Jacques no se quedó callado y también le soltó un buen puñado de reproches cáusticos además de decirle que en lo que a él le concernía, podía irse al diablo. Eric se marchó a la cercana ciudad de Niza y alquiló una habitación en la pensión más barata que encontró. Aprovechando el ambiente turístico, exponía algunos de sus mejores cuadros en un parque muy transitado. Cuando vendía alguno, lo que no sucedía muy a menudo, encargaba imprimir otra copia y compraba un nuevo marco. Habían transcurrido ya cuatro meses desde que se marchó de casa de su hermano. Si no mejoraban las ventas, y no había motivo para creer que lo harían, sus ahorros le durarían solo cinco meses más. Ya había asumido bastante tiempo atrás que su vocación artística le arrastraría a un porvenir difícil. Era consciente de que ahora su vida discurría por lo que a todas luces era un callejón sin salida. Cuando agotase sus ahorros y se quedase sin techo ni comida, debería recurrir a los servicios de asistencia social, algo que le daba mucha vergüenza, y resignarse a lo que tuviera que hacer para vivir, incluyendo dejar de lado la pintura. Por eso, aquel día de noviembre en que una mujer le compró no uno sino ocho de sus cuadros, Eric tuvo la sensación de que el timón de su vida se había movido, aunque fuese unos milímetros, demorando su naufragio. Al principio no reparó en ella, con tanta gente paseando y deteniéndose aquí y allá. Sospechó que estaba interesada al notar que llevaba largos minutos contemplando sus cuadros. Era un poco más alta que él. Su cabello, negro intenso, lo llevaba parcialmente recogido. Las gafas de sol con cristales negros que ocultaban por completo sus ojos le daban un cierto aire misterioso o de persona que no desea que la reconozcan. Parecía ser joven o de mediana edad. Con toda naturalidad, ella le dijo que deseaba "comprar varios cuadros". Él la atendió procurando ser lo más amable posible, contento ante lo que imaginaba sería una venta de dos o tres. Para su asombro, después de seleccionados y apartados tres, siguió indicándole otros, hasta dejar expuestos tan solo dos, uno de carácter abstracto y el otro una escena campestre típica. La mujer debía sentirse entusiasmada con sus paisajes extraterrestres, la categoría a la que pertenecían los ocho cuadros que había adquirido. Era la primera admiradora clara de su arte que conocía. Sin embargo, la notaba demasiado tensa y distante para lo que imaginaba que podía esperar de alguien capaz de comprarle ocho cuadros. —¿Los pintas tú? —Sí, claro, todos son originales míos —aseveró, un poco dolido ante aquella pregunta que parecía surgida de la sospecha de que él pudiera limitarse a imprimir copias del arte de otros. Una vez cobrado el importe, se ofreció varias veces a llevarle los cuadros hasta donde ella tuviera su coche. Al ser rehusada sistemáticamente su oferta, y de un modo que denotaba que ella no lo hacía para evitarle molestias a él sino porque le interesaba por razones personales obrar de este modo, dejó de insistir para no incomodarla. —¿Tienes más cuadros como estos? —Sí, muchos, aunque solo suelo exhibir unos pocos. —¿Y son de este mismo tipo de paisajes? —Tengo de varias clases de paisajes; cada clase correspondería a un tipo de planeta. —Me refiero del mismo estilo exacto que el de estos ocho cuadros. —Sí, mi serie de ese planeta es la más abundante, y personalmente la que más me motiva. —¿Y de dónde sacas las ideas para elaborar las imágenes de esta serie? —Es difícil de decir. A veces tengo en mente lo que deseo pintar y otras va surgiendo sobre la marcha a partir de una idea inicial distinta. La desconocida siguió haciéndole preguntas sobre su arte durante un buen rato, a las que él respondió explayándose, halagado por el interés que ella mostraba. Cuando se fue, dijo que volvería con periodicidad para ver si tenía otras producciones de la misma serie. La irrupción de aquella mujer en su existencia gris le aportó una brizna de felicidad y hasta de esperanza. Vivir de la pintura podía ser menos difícil si lograba más clientes como ella. Aunque los consideraba menos comerciales que los cuadros que solía exponer, el interés de la dama misteriosa por su serie hizo que Eric mandase imprimir copias de ocho pinturas que no había expuesto aún en el parque. Si era una mujer adinerada y su entusiasmo pictórico no decaía, quizá le comprase varios de aquellos cuadros. Todos, era esperar demasiado. —————————— Tres días después, su admiradora volvió a aparecer en el lugar del parque donde él solía exponer. Estudió con sumo interés cada pintura, sin poder disimular una sonrisa de satisfacción, y una vez concluido su examen le compró las ocho. Esta vez estuvieron charlando durante mucho más tiempo. Dado que era poco habitual que alguien se parase a hacer preguntas sobre los cuadros y menos aún a hacer una compra, pudo atenderla sin interrupciones durante esas casi tres horas. La notó más relajada y accesible. Al empezar a oscurecer, él recogió sus cosas. Ella se ofreció a llevarle en coche hasta donde le pidiera. Al parecer, había intuido que él no disponía de transporte propio. Él aceptó, no por ahorrarse el trayecto a pie sino porque le apetecía prolongar un poco más la conversación con ella. Salieron del parque. Caminaron varias calles hasta llegar a donde ella había aparcado, bastante más lejos de donde podría haberlo hecho sin dificultad. Su vehículo era un todoterreno. Quizá solía circular por áreas rurales o le gustaba el aire de aventura de tales coches. Una vez dentro del automóvil, por fin se quitó las gafas de sol y pudo ver su rostro al completo. Tenía unos ojos grandes y negros, que acentuaban de manera notable el impacto de su mirada, un impacto que en algunos momentos resultaba incómodo porque daba la impresión de que clavaba con fijación obsesiva sus pupilas en las de su interlocutor. Lucía un bronceado suave. Su boca era grande, lo que le daba un cierto aire agresivo. La impecable dentadura que mostraba al sonreír, y otros rasgos, sugerían que había cuidado muy bien de su salud. Le calculaba entre treinta y cinco y cuarenta años de edad, aunque su silueta podría pasar por la de una veinteañera. Decidió que era guapa, aunque su belleza no se ajustaba a los estándares de moda ni tenía el aire angelical que muchos asocian al atractivo físico. Pensó que en un casting para una película, le quedaría mucho mejor el papel de mala que el de buena. Su voz, bastante grave, también contribuía a darle ese porte agresivo. Se presentó formalmente, y así él supo que se llamaba Nadine Beraud y que vivía en una urbanización de los alrededores de Niza. Ella ya sabía su nombre desde la primera compra, por la ficha técnica pegada en el reverso de los cuadros. Durante el trayecto, siguieron conversando de pintura. Nadine parecía toda una experta en la materia, además de una apasionada coleccionista. A él le halagaba que una persona tan versada en arte clásico se sintiera impresionada por cuadros suyos que además no tenían nada de tradicional, aunque según ella esos cuadros de paisajes extraterrestres que había adquirido estaban pintados "con la fuerza de un pintor renacentista". Cuando llegaron ante el edificio de la pensión, él se preguntaba si debía, por cortesía, invitarla a tomar algo en la cafetería de al lado, pero antes de que dijese nada, ella se despidió de él prometiendo volver a pasarse por el parque dentro de unos pocos días, y le animó a preparar más cuadros para ella. —————————— En la siguiente visita, Nadine le compró diez cuadros, todos los que tenía expuestos en ese momento. Sin nada más que ofrecer a los viandantes, a Eric nada le quedaba por hacer esa tarde en su rincón del parque. Nadine le propuso que fuesen a algún sitio tranquilo a charlar, dejándole claro que ella le invitaba y que eso no admitía discusión. Eric aceptó. La compañía de Nadine le gustaba. No solo por el apoyo anímico que le daba con sus elogios sobre los cuadros que adquiría, sino porque su naciente relación con ella era lo más parecido a una amistad que él tenía en esos momentos. Sin parientes o amigos que pudieran echarle una mano en caso de apuro, Nadine podía llegar a convertirse, con el tiempo, en su tabla de salvación ante una ocasión crítica. El día que la conoció se le antojó una mujer extraña, gélida y altiva. La aureola de misterio no la había perdido, pero al menos ahora notaba que valoraba tanto al artista como a su arte. Para ella, las pinturas que le había comprado no eran meros artículos de consumo con los que decorar el salón de su chalet, sino ventanas a un mundo interior, el de Eric, que ella deseaba explorar a fondo. A Nadine le fascinaban, entre otros detalles, el "realismo" y la "coherencia", según sus palabras, de los paisajes de esa serie. Eric le explicó que simplemente se había limitado a escoger unas características físicas básicas que tendría aquel planeta, y las respetaba a la hora de pintar. La estrella en torno a la que giraba aquel mundo era más potente que el Sol. Debido a eso y a otros parámetros, la luz ambiental diurna que bañaba a los paisajes era casi el doble de la de un mediodía terrestre con cielo despejado, y presentaba una tonalidad bastante azulada. El calor era algo superior al terrestre, pero no tanto como la luz. En los polos, la temperatura más baja era de unos 50 grados centígrados bajo cero. La percepción visual de inmensidad enorme, perceptible sobre todo en las llanuras, con terrenos prolongándose mucho más de lo "normal" en el horizonte, era la consecuencia óptica de un planeta con un diámetro del doble del de la Tierra. Dejaba volar la imaginación, aunque procurando siempre que todo rasgo geológico o meteorológico mantuviera una cierta base lógica y respetase los atributos fundamentales del planeta. Así por ejemplo, para los desiertos de arena tan blanca que parecía nieve, se guiaba por el efecto óptico que él imaginaba que tendría la iluminación sobre el suelo claro de aquellos páramos, y por la abundancia de minerales blancos quebradizos. Los numerosos destellos diamantinos emitidos por el suelo respondían a partículas minerales como el cuarzo, esparcidas por doquier, y bañadas por la intensa luz. Otro ejemplo lo constituían las zonas polares, para las que jugaba con los efectos ópticos de la penumbra azulada sobre bloques de hielo, así como con los de las nubes de tonalidad y composición química distintas a las terrestres reflejadas en lagos de líquidos que no necesariamente eran agua. Otros paisajes extraterrestres que pintaba eran, según lo veía Eric, más tópicos, como los de mundos bañados en la penumbra sanguinolenta de un débil sol rojo, o parajes de astros sin atmósfera dominados por firmamentos abarrotados de estrellas y nebulosas. La serie dedicada a ese planeta resplandeciente le parecía mucho más original, la sentía como algo personal y difícil de imitar, despertaba con mayor fuerza sus ansias de pintar y estimulaba más su creatividad. Por eso era también la más pródiga en número de cuadros. Nadine le hizo infinidad de preguntas sobre aquellos cuadros de la serie favorita de ambos. Algunas encajaban en los apartados de Cómo, Por Qué, Cuándo y Dónde. Otras eran tan enrevesadas que le resultaba difícil entenderlas y debía pedirle a ella explicaciones adicionales. En algunos momentos, le pareció una psicóloga intentando psicoanalizarle a través de su arte. Había preguntas previsibles, como la de si tenía estudios universitarios de bellas artes, astronomía, geología, meteorología u otras ciencias útiles para darles realismo a sus paisajes imaginarios. Por motivos económicos y familiares, Eric tan solo pudo estar escolarizado el tiempo mínimo obligatorio por ley, y así se lo confesó a Nadine. Ella se sintió impresionada de que sin el respaldo de estudios estratégicos fuera capaz de elaborar paisajes tan "convincentes" según el adjetivo que ella empleó. Otras preguntas le resultaron más inesperadas, como si tenía la sensación de haber visto antes esos paisajes en sueños o pesadillas. A esta, como a otras, no supo que responder. Simplemente, esos paisajes existían en su imaginación, y no estaba seguro de si procedían del consciente, del subconsciente o de ambos. Lo que más parecía intrigarle a Nadine era el proceso por el cual él podía "visualizar en su mente" los lugares de aquel mundo imaginario o hacer brotar de manera intuitiva cada rasgo a medida que elaboraba los diversos elementos de la imagen. Sentados muy cerca el uno frente al otro, en la pequeña mesa del rincón más discreto en el salón de té, aquellas cuatro horas pasaron volando para Eric, e intuyó que también para Nadine, pese a que fue ella quien, mirando de repente su reloj, se asombró de lo tarde que ya era, y dio por concluida la cita. Le acercó en coche a su pensión y antes de despedirse, le propuso que volvieran a verse al día siguiente. Eric aceptó, sintiendo que su relación con Nadine entraba en una nueva fase. —————————— Durante las tres semanas siguientes, se vieron casi a diario. Ella le invitaba a comer o a cenar, y pasaban varias horas conversando. Eric se sentía un tanto incómodo al ser siempre ella quien pagaba todas las consumiciones en los establecimientos donde se reunían. Pero no podía negarse a sí mismo que ello aliviaba mucho su maltrecha economía. Resultaba obvio que Nadine era una mujer acomodada, de clase media o incluso alta, y consciente de las dificultades por las que él atravesaba. Eric valoraba la delicadeza con la que ella evitaba abordar el tema; Nadine sostenía que un artista se merece el trato de favor de quienes aman su arte, y esa era la justificación que usaba para no aceptar que él la invitase. En esas tres semanas, ella le compró muchas más pinturas. Insistió en pagar el mismo precio pese a que las deseaba sin marco. Eric le mostraba las imágenes en su ordenador portátil, y ella escogía las que deseaba para la próxima entrega. En aquellas deliciosas veladas, conversaron de arte, de la vida, de la muerte, del amor, y de muchos otros temas trascendentales. Él descubrió en ella a una mujer de personalidad fascinante, que parecía haber vivido mucho y conocer hasta el fondo la naturaleza humana. Sin embargo, pese a que sintió que en algunos aspectos ella desnudaba su alma ante él, su halo de misterio no desaparecía. Eric no tuvo reparos en narrar a grandes rasgos cuál había sido su vida hasta el momento. En cambio, Nadine no le había contado casi nada de su vida. Del plano sentimental, solo le explicó que su novio murió "muchos años atrás", y que desde entonces no había vuelto a enamorarse de nadie, teniendo solo amantes ocasionales, exclusivamente para sexo. Del ámbito familiar, sabía que ni su padre ni su madre vivían ya, que estaba enemistada con sus escasos parientes, y que hablar de su familia le resultaba desagradable, por lo que él, por cortesía, no sacaba a conversación ese tema. Tampoco tenía claro a qué se dedicaba. "Gestionar inversiones". Pero no parecía estar sujeta a ningún horario laboral. Daba la impresión de ser alguien con la vida ya resuelta, como por ser heredera de una gran fortuna o haber tenido mucho éxito en el mundo de los negocios. Algunos de sus comentarios sugerían que se había beneficiado de ambas circunstancias, una herencia familiar considerable, y haber sabido hacer buenas inversiones con parte de ese capital. Por curiosidad, probó a buscar su nombre en internet, por si aparecía algún dato, pero no encontró nada relacionable con ella. Capítulo 2: LA MECENAS MISTERIOSA Capítulo 3: EMPEZANDO UNA NUEVA VIDA JUNTOS Capítulo 4 (parcial): LA HABITACIÓN PROHIBIDA Varios fragmentos representativos de otros capítulos Sobre la novela y su autor, acceso gratis a los primeros capítulos, y dónde comprarla